2 de junio de 2010
la crítica del ALCALÁ CUENTA
30 de mayo de 2010
la crítica del ALCALÁ CUENTA
Español e inglés, inglés y español se tornan en un único idioma, es como si con ellos casaran perfectamente. Tim vocaliza y se esfuerza por ser entendido, no solo con una dicción clara, sino con la intención y el ritmo que confiere a las palabras.
21 de mayo de 2010
la crítica del ALCALÁ CUENTA
El pasado viernes el Teatro Salón Cervantes se llenó de muerte, de una muerte muy viva, de una muerte con forma de mujer. Paula Carballeira nos contó historias de tradición oral de diferentes partes del mundo en las que la muerte de una manera u otra estaba presente. Historias que estaban llenas de vida. Una vida plena, la de Paula.
Esta narradora gallega nos sedujo desde el primer momento cuando habló de su familia, de esa madre que le contaba solo dos cuentos, de su hermano Antonio y cómo no se han cumplido, hasta el momento, las predicciones de “hermanicidio” que su madre señalaba sobre ella.
Es impresionante como maneja la voz, el cuerpo, el gesto, los silencios, los gritos, el clima… Y es que Paula es una narradora de raíz, de formación teatral, de formación humana…
Impresionante cómo transita por el amor, la belleza y el miedo. El miedo, ¡Uff!, si llegamos a estar en una sala más pequeña “me cago”. Si estando como estábamos, en el teatro, rodeados de público, con luces de patio, de escenario, con cierta seguridad, vamos… se me erizaron los pelillos de la nuca y hasta me encontré encogido en un momento dado, no quiero ni pensar en qué hubiera pasado en un lugar más recogido y “tenebroso”.
Creo que Paula hizo un trabajo buenísimo, de lo mejor que hemos visto en esta edición del Alcalá Cuenta. Gracias Légolas por el regalo. Debo confesar que no soy muy objetivo es esta crítica, porque al salir del teatro me di cuenta de que me había enamorado. Sí, si la muerte me viene a ver, ¡ojalá sea Paula!.
27 de abril de 2010
la crítica del ALCALÁ CUENTA
la crítica del ALCALÁ CUENTA
23 de marzo de 2010
la crítica del ALCALÁ CUENTA
15 de marzo de 2010
la crítica del ALCALÁ CUENTA
28 de noviembre de 2009
la crítica del Naïf
Mira que hacía frío anoche. Se apagaban los últimos estertores de un veintisiete de noviembre pelón y gris. Y en una noche tan cerrada fui a encontrar lo que buscaba y no sabía -no ya que iba a encontrar- sino que realmente lo necesitara tanto: un hermoso jardín. Ese en el quedarse a estar, en el que escuchar, en el que descubrir que tu propio cuento puede -a veces, sólo a veces y quizás- hacerse realidad.
En mi jardín hay un banco y en el banco hay colocado un secreto. Bien puesto, quizás algo solitario, pero a la postre resignado a existir. Allí me coloqué anoche, reclinado junto a mis dudas, mis preocupaciones, mi mal humor y mis problemas. También estaba mi paciencia, mi enojo y mi sonrisa; mi vientre malherido y mi boca sedienta.
El caso es que Légolas me brindó de nuevo la oportunidad de escribir esta crítica, que más que crítica es un cuento más, que más que un cuento es el mío, que más que mi cuento es un misterio, que más que un misterio es un milagro que alguien sepa contar tu cuento, que se lo haya inventado, que te lo haya robado de tus pensamientos, o simplemente que lo haya imaginado como tú…
Aconteció anoche la tercera sesión de cuentos en el Naïf y repito yo como epiloguista, rubricando con mi mordaz pluma un trabajo lanzado al aire, tan injusto éste que a veces se lo lleva todo sin apenas dejar huella, sin aguantar una palabra entre sus vaivenes.
Paula Carbonell nos visitó con el bien pertrechado parapeto de los Légolas, desde sus raíces valencianas hasta sus ramas conquenses. Con esa tranquilidad primera y bien sosegada de quien resuelve una duda eterna al respetable: las casas de Cuenca son casas colgadas, no colgantes…

Después de ahí se apresuraron a surgir como siempre las historias: la de un sapo y su princesa con sueños de motera feliz; la de un rey y su parafranero que ansiaban juntos el amor de la reina; la de unos viejecillos que se deseaban como si del primer día se tratase; la de un rey al que salvar -aunque no sin reticencias- el culo; la de Ana y Luis que acabaron robando un rádar como si de una simple barbacoa se tratase; la del rey que tenía tres huevos -a cada cual más grande, bonito y armónico-; y la de muchas otras historias que sólo y, como siempre, llegan si las has vivido, si las has sentido dentro.
Si a los que estuvísteis anoche en el Naïf os digo que encontré un banco que a veces sirve para mirar y otras para pensar, seguro que no me imaginaréis como a un loco distraído… Se autodeclaran cuentistas, pero son algo más que eso: narradores tocados por una barita mágica para contarnos lo que todos una vez quisimos soñar…
Gracias a los Légolas por dejarme participar. Gracias a Paula por traerme mi banco. Ella es todo energía, vitalidad, derroche de ganas y de esfuerzo, emoción hasta el último verso. ¡Como sabe que me tiene ganado con las palabras!
Esta es mi no crítica. ¡Enhorabuena! Espero no perderme la última sesión. ¡Sigamos todos tras la pista de los cuentos! Cuando la encontréis, por favor, me lo decís…
Raúl Sánchez Plasencia
(Alcalá de Henares)
1 de noviembre de 2009
la crítica del NAÏF
Mira que de pequeño, en el colegio, uno quiere pasar normalmente desapercibido. No llamar demasiado la atención por aquello del qué dirán. Que no se note mucho que existes; tanto para lo bueno como para lo malo. Pero a estas alturas, cuando le eligen a uno para reinaugurar estas sanas críticas de los cuentacuentos de Légolas, empieza a replantearse qué hizo mal en aquel tiempo. En fin, es sólo una broma…
Me toca dar la bienvenida y no podía estar más orgulloso que junto a los Légolas inaugurando plaza nueva, nueva etapa, nuevas ilusiones y un montón de cuentos. Será que le tienen a uno un poquito de cariño y que esto de escribir -a lo que tan humildemente llevo dedicándome años- no cae en saco roto.
Bien, aquí no he venido yo a hablar de mi libro, sino de cuentos, así allá que vamos. La noche de ayer se presentaba idónea para esto de la narración oral, noche despejada de otoño, temperaura suave y una reinauguración de lujo con viejos conocidos tras las tablas. Pero pronto las contradicciones aparecieron entre la pareja de cuentistas… ¿Hermanos, novios, polos opuestos? Es igual, el caso es cada uno sembró su estilo y su borrón. Dejando huella. Pero no había problema, porque ahí estaba cada vez un cuento nuevo para intentar superar al anterior.
Nieves y Dani, Dani y Nieves, o lo que es lo mismo “BORRÓN Y CUENTO NUEVO” son ese par de dos que se complementan encima de un escenario, que lo que no da el uno lo da el otro, y que demuestran que de la sensibilidad y el susurro se puede pasar a lo mundano y jocoso con el mismo buen poso de historia bien contada.

DANI, QUE PARECE ESTAR POSEÍDO POR LA DECORACIÓN DE HALLOWEEN
Contaron mucho y contaron bien. Pequeñas pinceladas de una vida cuyo paso en el tiempo se ve reflejado en cada historia. Desde el origen de un gringo en un autobús que apuesta su alma sin conocer cómo se juega de farol, hasta la historia de un amigo de un abuelo que terminó haciendo creer a un pobre niño que su orígen venía de la atmósfera. Desde las primas de Dani -Silvia y Marta- que unidas por una mano invisible terminaron dormidas en una cama inmesa, hasta el rey machista y el hada que le cambió de sexo nunca se sabrá muy bien cómo. Desde un viejo obsesionado con los dedos ajenos coleccionados en una cajita, hasta la espontánea que casi termina subiéndose a las tablas. El caso es que en cada historia puede decirse que anoche la mitad de cuatro siempre fue el doble de uno. Ese número perfecto que se traduce en una pareja de estilos. Un cruce de caminos, una barita diferente que embruja según el alma, sin más.

NIEVES, POSEÍDA POR DANI PROBABLEMENTE
Nada más que objetar. Un buen y prometedor comienzo. Buen sitio, buen ambiente, mejores personas y esa puerta que no terminaba de abrirse nunca, ¿verdad Manuel?
Gracias al Café Naïf por abrirse al cuento. Gracias por dejarnos disfrutar con ellos. Gracias a los Légolas que siguen firmes en su empeño de inundarnos de palabras. Es una gran noticia. Estuvo bien y espero que siga mejor… No me cabe la menor duda.
Un abrazo cuentil, que no cuentista… ¡Seguimos tras la pista de los cuentos!
Raúl Sánchez Plasencia
(Alcalá de Henares)
15 de diciembre de 2008
las críticas de Carol y Lucas Fondón
Cuando Alberto se subió a la tarima, ya se intuía que algo especial iba a pasar allí arriba. Su voz peculiar y su entonación de cuento de toda la vida hicieron entrañable esta sesión donde las protagonistas eran mujeres. Mujeres con cerebro para dos, hadas rechonchas y gruñonas, hadas fiesteras, princesas desterradas que se cortan una mano y como si nada, viejas peculiares y deseadas… Mujeres todas retratadas con tal precisión y ternura, que la tarima, se convertía de pronto en una pasarela donde las mejores top model del cuento desfilaban ante nuestros oídos atónitos y espectantes.
PARECE UN PERSONAJE DE CÓMIC.
5 de diciembre de 2008
la crítica de Carol
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Cercano, amigo; Aldo Méndez te transporta a sus recuerdos de una manera tan emocionante que parece que estuvieras allí cuando su padre conoció a su madre, cuando los habitantes de su pueblo padecieron un ataque repentino de aerofagia o cuando Aldo se iba a la playa con sus tías y hasta media tarde no podía salir de la sombrilla por si se quemaba.
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Con su mirada y su forma de proyectar consigue mantenerte en un continuo “Y qué más, y qué más, y qué más…” Su rápida conexión con el público hizo de la velada un salón de amigos donde al final acabamos hasta cantando.
Lo mejor es el abrazo que medió al final. Pude incluso ver a su padre con el pelo untado en brillantina y a su madre elevándose en el cielo como un repollo rosa.
Queremos más viajes, y ¡qué baratos son gracias a los cuentos! ¡Más Cuenting y menos Vueling!
Gracias Légolas.
28 de noviembre de 2008
la crítica de Santiago
Tras una secuencia de chistes, magia, canciones.... -entremezcladas con relatos e historias, claro está, y en la mayoría de los casos amenas e interesantes-.....una de cuentos, de auténticos cuentos, de los que te absorben, de los que te mantienen expectante, en tensión, emocionado...totalmente alejado el pensamiento de ese trabajo, de esa hipoteca...de esas reuniones de vecinos...
Y, además, contados por un gran contador, un grandísimo contador me pareció a mí, Carlos Sáez. Sabiendo establecer una gran empatía con el público, como siendo uno más. Y sabiendo muy, pero que muy bien, atrapar a ese público en todo tipo de sentimientos y emociones: en la sorpresa, en la risa, en la curiosidad, en lo romántico, en lo fantástico... Y sabiendo entremezclar perfectamente diversos tipos de historias: fantásticas, románticas, de humor negro, jocosas... Incluso de...."de provocar la reflexión o el sentimiento", como hace la verdadera literatura o el verdadero arte: removiendo y provocando tus entresijos del pensamiento o tus entresijos del corazón.Con esa gran empatía y calor humano que he comentado...y con una gran técnica y profesionalidad en la oralidad. Muy buena dicción y vocalización, una voz perfecta, modulaciones constantes de voz para lo romántico, para hacer reír, para asustar... Cambios de timbre y de voz cuando de diversos personajes se trata...Léxico rico y variado... Ufff...cuántas cosas...!
Es curioso, alguien al finalizar la actuación me comentaba que este hombre no lleva mucho en esto. Tan sólo tres años, creo que me dijo...
Incluso el mismo narrador me hablaba de lo que impresiona ver en el programa los grandes que por aquí han pasado. "Me dieron ganas de renunciar y no venir", me dijo. A lo que le respondí que no desmerece una micra ante cualquiera de los que por aquí han pasado. Lo tomó como un cumplido. Os aseguro que no lo fue, que así lo pienso y lo creo y lo siento. Para guinda, su belleza humana, la ingenuidad de hablar de esos otros grandes contadores y no ser aún consciente de que él también lo es.
A los que no pudisteis asistir, si algún día tenéis la ocasión de coincidir con este contador, Carlos Sáez, no os lo perdáis, porque esto es -parodiando al locutor de Fórmula 1- "el cuento en su estado puro".
22 de noviembre de 2008
la crítica de Noelia
Cuando miramos a Victoria Gullón, nos encontramos un compendio de sabiduría popular tras una mirada divertida y limpia, propia de una niña de 4 años.

En sus infatigables maneras llenas de expresión, nos lleva de la mano a esos sabores y costumbres de una España entrañable, cada vez más desconocida, pero próxima y cálida en cada palabra, al igual que Victoria.
Su ánimo alegre y su espontaneidad son un soplo de alegría e inocencia, en el que la picaresca de sus cuentos nos hace carcajear pillamente como púberes en flor, con muchas ganas pero sin malicia.

Con un cantar para todo, su forma de contar, resulta cercana, realista y muy divertida, la interacción natural con el público y su dejarse llevar la convierten en una cuentacuentos con alma, cada historia vive en ella y en sus labios mejora.
Con su incansable carácter se entrega una y otra vez, regalando al público todo lo que sus sentidos pidan, generosa como pocos, no es sino, un placer y un honor escucharla.
Para no perdérsela!!!!
14 de noviembre de 2008
la crítica de Raúl

Cuando Marina Sanfilippo pisó anoche las tablas del coqueto escenario de la Corrala -casi colgando el cartel de no hay billetes- ya supe que ella era una de esas personas especiales. Tocada con la varita de la magia e impregnada del poder de la palabra.
Qué bonito es descubrir que con sólo un acento diferente es posible escuchar las palabras de otra manera. Cobran vida y magia autóctonas. Cogen cuerpo de melodía que embriaga al cerebro, convirtiéndolo en adicto a la locura. Una magia que engancha casi hasta el límite de que no nos contasen nada…
Marina sorprendió llegando con ese aura de dama de los cuentos, en ese primer instante -coqueto- de subirse al escenario observando al público, callada, mientras se vestía con su chaquetilla a lo torero, como si afinara su instrumento de trabajo antes de lanzarse a la arena. Me encantó ese silencio repentino antes de cualquier historia, ese leve gesto agachando la cabeza para izarla enseguida convertida en narradora: “érase una vez…”
Paseó anoche Marina por el recurrente mundo de las abuelas, parece que compañeras inevitables de cualquier cuentista que se precie, ¡o se la invente!
Nos trajo historias de fantasmas, de capitanes ambulantes bebiendo ron hasta cansarse, para desaparecer después ante la fría noche de un puerto vacío. Nos regaló la historia de un rey desconsolado, incapaz de “atar” junto a él a su princesa, noche a noche, sin saber de dónde venía ni a dónde iba, pero sintiendo su cuerpo tan cerca como su corazón enamorado. Nos trajo sueños de juguete, divertidos, de un loco sano que en Correos envíaba olorosos regalos a la suerte…
Amigos, como resumen simplemente diré que ayer nos visitó -para mí- la dulce dama italiana del cuento. Todo un placer para los sentidos.
Y no puedo acabar despidiéndome de otra manera… ¡Nos vemos en los cuentos!
Gracias Légolas.
9 de noviembre de 2008
la crítica de Jota
Por un lado la cosa parecía que iba dirigida a una clase didáctica sobre el amor, ¿cuánto dura? ¿qué es? ¿qué se siente? Y demás preguntas que si bien con sus cuentos no quedaron contestadas si nos dieron distintos puntos de vista.
Por otro lado la música, con ese bajo que acompañaba a las palabras y que expresaba emociones tales como los celos, la euforia, el pesar, la alegría. He de decir que el bajo es un instrumento que me apasiona y que por tanto me cautivó en conjunción con la palabra. Luego cambió a una guitarra portuguesa que tiene nada más y nada menos que doce cuerdas.
Al acabar cada cuento Miguel nos miraba, nos preguntaba, nos hacia participar buscando nuestras impresiones, era un debate delicioso donde los cuentos eran los protagonistas.
Sigo sin saber qué es el amor, o cuánto dura, incluso creo que lo tengo menos claro, pero algo me dice que merece la pena intentarlo.
Gracias Miguel, gracias Miguel.
1 de noviembre de 2008
la crítica de Santiago
26 de octubre de 2008
la crítica de Raúl y de Mª Jesús
(Raúl)
El caso es que Marissa Amado nos llevó en la noche de ayer a un viaje por las alturas, mientras brindábamos todos juntos por una vida llena de buenos remesones. Desde su Perú natal, con ese acento casi caribeño que dulcifica los oídos, de sabor afrutado, nos quiso inundar con pequeñas historias que producen mal de altura: vértigo, mareo, cosquilleo en el estómago y otras sensaciones aparentemente nada agradables.
Pero… ¡qué sería de nosotros si no experimentásemos -al menos de vez en cuando- uno de esos vuelcos repentinos del corazón! Esos son los remesones: golpes en el alma que al final dejan el poso alegre de un bien de altura excitante en la cabeza. Por ejemplo, cuando te enamoras.
Así nos condujo Marissa hasta el lado mismo de su mamama -su abuela- contándonos historias de amores quinceañeros, quizás reales o ficticios, pero con la magia añeja del recuerdo y la imagen viva de su seductor Jorge Negrete a lo Paul Newman. Le siguió la historia de Manolo y su lista interminable de Reyes Godos, amigos inseparables en su vida y parapeto de sus dudas y de su particualr mal de altura.
Por último nos visitó Clemencia -la tia- sobrevolando los pecados virginales de la eterna amante desde el día mismo de la boda de aquel novio, mezclando oleres de alcoba furtiva y asumiendo su papel de mujer terca antes que puta…
Un placer para los oídos, sin duda. Y es que la magia de contar un cuento es la magia de poder vivirlo desde dentro. Ánimo Légolas, seguid adelante con esta iniciativa y gracias por haberme dejado escribir esta ¿crítica?
Nos vemos en los cuentos.

Marissa nos trasladó hasta su tierra y nos presentó a su abuela, una mujer elegante y con carácter. Nos contó la historia de los pretendientes que rondaban a su abuela, en especial uno “feo pero el más rico del pueblo” que perseguía a aquella mujer. Nos describió aquel primer encuentro furtivo en una cocina y nos describió tan detalladamente las especies de la alacena que por un momento fuimos oliendo una a una: la canela, el romero, el comino....
Nos trajo después a un pueblo de Santander donde nació Manolo, un amigo de Marissa. Nos contó la historia de la infancia de Manolo y de su empeño por conocer el mar, que le llevó hasta el punto opuesto de la península, a Cádiz. Allí trabajaría haciendo velas y quedaría prendado por los colores de cada una de ellas. Más tarde volvería a su pueblo y allí unos nuevos colores llamarían su atención. Eran los colores vivos de unas figuras de vírgenes y santos sudamericanos traídos por un indiano de vuelta a su tierra, y que decoraban la iglesia. Y por desgracia, cuando la guerra civil estalló, Manolo acabó en la cárcel. Para evadirse de la dureza de su situación, Manolo dibujaba a las vírgenes de su recuerdo y hacía retratos... y esa seducción por los colores y el dibujo convertiría a Manolo en un pintor con el paso de los años.
Marissa nos contó una última historia toda llena de detalles. Y quizás lo que en un primer momento seduce, a lo largo del cuento satura, porque a veces Marissa se perdía en el detalle del detalle, se perdía en las enumeraciones, se perdía en el pasado, se perdía metiendo personajes que luego los dejaba perdidos en la historia... y todo ello entorpecía la narración y la alargaba demasiado, perdiéndose a veces el nudo de la propia historia. Pero demostraba tener una sensibilidad exquisita y ser buena contadora de historias, porque a la vez es una persona observadora y que disfruta escuchando a los demás, disfruta escuchando sus vidas que luego ella nos relata y nos acerca.
Quizás el público no tuvimos la paciencia suficiente para escucharla. Al empezar media hora más tarde por problemas de sonido, ya mucha gente estaba cansada de esperar... y cuando comenzó a contar sus historias y se perdía y se alargaba en los detalles, a muchos les costaba seguirla. Pero quizás sea también porque estamos acostumbrados a que todas las historias tengan que ser rápidas, cortas y con risas al final, y eso encaja con determinados productos televisivos o publicitarios... ¿pero tiene que ser igual en los cuentacuentos? Yo pienso que una historia larga pero contada con buen ritmo, que no rápido, puede ser una buena historia que te marque. Y prefiero la media sonrisa, a la carjacada enlatada y fácil.
Gracias Marissa por tu humanidad y que sigas encontrando a más personas a tu alrededor que te llenen y te enriquezcan.
18 de octubre de 2008
la crítica de Lucas Fondón
Este jueves La Corrala se volvió a llenar de público y de historias bien contadas. Cuando público y narrador están en sintonía, ¿qué más se puede pedir? Pues eso, que los organizadores sigan adelante con esta bonita tarea. Bien por ellos y ellas.
Hecha esta introducción mitad peloteo mitad laudatoria, creo que debo centrarme en la crítica que los Légolas me han pedido.
Blai llegó desde el Mediterráneo con acento valenciano y con alguna que otra palabra de ésta lengua que quedaba hasta graciosa. Nos hizo una primera parte de tronos reales en la que no dejó títere con cabeza, ningún representante de la familia real quedó al margen. Y se entregó, pues fue extensa en tiempo e historias. A mi particularmente me cautivó.
Tras el descanso Blai estuvo más flojo pues muchas de sus historias eran chistes, muchos ya los conocía, convertidos en cuentos, aunque debo señalar que el público en general los tomó de buen grado. Cuando pensaba que la sesión iba a acabar en este tono volvió a aparecer el narrador que me enganchó al principio y nos contó la historia de la niña enamorad y los cristalitos azules y ohhhhhh, me puso, nos puso la sonrisa en la boca y en el corazón.
Y poco más, que gracias a Blai y que esto de hacer la crítica es más difícil de lo que yo pensaba.
10 de octubre de 2008
la crítica de Santiago

El contador nos deleitó con una preciosas y originales historias y, especialmente, con su profesionalidad y su técnica. Una voz cálida, dulce, muy modulada en el contar. Una voz aún más cálida y suave si cabe, a la hora de cantarnos y de acariciar su guitarra, como apoyo, ayuda y complemento del cuento, unas canciones delicadas y de un riquísimo léxico. Como guinda de tanta profesionalidad, su saber hacer con esas preciosas marionetas con que también acompañaba sus cuentos. Esto sí que fue un auténtico tres en uno, vamos...!
Sin duda, fue para mi una enorme satisfacción poder escucharle, poder disfrurle.
Mi "pero"... pero un pero muy muy personal -con lo cual, casi será mejor que no le hagáis ningún caso-, ... pues alguna extraña sensación de que le faltaba empatía con el público, como de algo de frialdad o de distancia. No es en absoluto una crítica hacia Alfredo Becker. Primero, porque como ya dije es tan sólo una impresión. Por otro lado, todos sabemos que el orador puede en un momento dado no sentirse a gusto o con la sala o con el público o consigo mismo o lo que sea... (Y tiene todo el derecho del mundo a ello!). O...porque puede ser tímido quizás, no?! ¿Os parece raro o contradictorio esto de que una persona que actúa ante el público pueda ser tímida? Pues a mi no, de hecho creo que es muy, pero que muy frecuente (pero este asunto ya sería tema de otro artículo). Además...esto de la empatía narrador/público... es como lo de la química entre dos personas, que o se da o no se da y punto, sin que tengamos que saber a qué se debe y sin que tenga que ser responsabilidad de ninguno?
Pues...entonces...eso, en lo que habíamos quedado, que no me hagáis ningún caso!
Eso sí, espero que, como yo, sigáis acudiendo a disfrutar de gente de tanta valía y
profesionalidad. Y a disfrutar de nuestra propia y mutua compañía, claro.
3 de octubre de 2008
la crítica de JOTA
La noche prometía, las casualidades hicieron que Maísa se convirtiera en la "inauguradora oficial" ya que ésta era la tercera vez que tal hecho ocurría.
Manuel la presentó como contadora de altura por lo que las expectativas no hicieron más que aumentar, pero pasados cinco minutos y confirmados al terminar la noche éstas se vieron plenamente satisfechas.
Maísa nos acunó con un canto de su tierra, con sus gestos nos hizo viajar por el universo enseñándonos que estamos hechos de estrellas, recordó que la palabra es algo mágico que abre cualquier puerta, que el ir a la compra puede ser maravilloso y sensual
Sus ojos y mirar nos llevaron a zocos y nos llenaron de sabiduría, viajamos a una batalla que resultó librarse en un tablero y mostró desnuda a la Luna y su rubor por culpa de un chopo caprichoso y enamoradizo.
Gracias por hacer que la noche supiera a frutas, oliera a incienso y se tornara romántica al ver la Luna, gracias.




