
Pablo nos decía la noche anterior mientras cenábamos alrededor de unas costillas a la miel que para él había tres tipos de narradores: los caraduras que hecen cualquier cosa y de cualquier manera y que además dan una imagen poco acertada del oficio, los mediocres que enganchan con el público pero que les falta camino, y los buenos o muy buenos, que deleitan al espectador y cuentan con él. A éste último grupo pertenece Pablo Albo.
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